El Arbitraje Fue Determinante en Santos vs Flamengo
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La actuación de Anderson Daronco como árbitro de campo y la conducta de Rodolpho Toski Marques en la cabina del VAR estuvieron marcadas por errores graves, falta de criterio uniforme y ausencia total de autoridad para contener la presión ejercida por los jugadores de Santos a lo largo del encuentro.
Ya en el primer tiempo, Barreal protagonizó una entrada violenta sobre Carrascal, en una acción clara de juego brusco grave con los tacos de su bota en altura, golpeando la parte posterior de la pierna del jugador rojo-negro. En cualquier campeonato de élite del mundo, esa acción resultaría en expulsión. Daronco apenas mostró cartón amarillo, mientras que el VAR ni siquiera recomendó una revisión.
En el segundo tiempo, Flamengo fue prejuiciado triplemente en un único lance. Tras un toque de brazo de Jorginho, sin movimiento deliberado alguno, Daronco marcó falta y mostró cartón amarillo. Después de una intervención desastrosa del VAR, la decisión fue alterada a penalti y expulsión. Más allá de estas dos sanciones discutibles, el partido quedó paralizado durante 9 minutos y 56 segundos—un récord de pausa en un lance con intervención del VAR en la historia del Brasileirão.
La demora expuso la inseguridad del arbitraje, perjudicó el desarrollo del partido e impuso consecuencias que van más allá de los noventa minutos. Flamengo no solo quedó con un jugador menos en cancha, sino que además perderá a Jorginho para el próximo compromiso en plena recta final de la lucha por el título. ¿Cómo justificar una sanción tan severa en un lance que generó tantas dudas que exigió casi diez minutos para una decisión? Un arbitraje rodeado de incertidumbre no puede imponer consecuencias tan drásticas a un club y a su jugador en un momento tan decisivo de la competición.
Pocos minutos después, un nuevo penalti fue marcado a favor de Santos, esta vez por una supuesta infracción de Luiz Araújo. Sin embargo, la falta que originó la jugada simplemente no existió. Las imágenes son claras e irrefutables, comprobando el error que resultó en el segundo gol de penalti del adversario.
Más allá de estos lances, Daronco y Toski demostraron falta de uniformidad en sus criterios, alternando el rigor según evolucionaba el marcador. Las reglas del juego no pueden cambiar según las circunstancias del partido. Curiosamente, estos mismos árbitros están designados para actuar el próximo domingo en el clásico entre Palmeiras y Corinthians—un rival directo de Flamengo en la disputa por el título.
Los números del Brasileirão ayudan a dimensionar las distorsiones y la falta de criterio. En 29 partidos, Flamengo acumula siete expulsiones, siendo el segundo club con más cartones rojos en la competición. Al mismo tiempo, ocupa la posición 17 en el ranking de faltas cometidas y lidera en promedio de tiempo de balón en juego. Los datos evidencian, como mínimo, una incoherencia flagrante en las sanciones: Flamengo es uno de los tres equipos que menos faltas comete en el campeonato y, aun así, el segundo que más cartones rojos recibe.
Flamengo actúa con seriedad y trata el fútbol con la responsabilidad que merece. No reclama privilegios. Exige únicamente que las reglas sean cumplidas con rigor, coherencia e imparcialidad. Este año, el club representa a Brasil y América del Sur entre los cinco finalistas del premio al Mejor Club Masculino del Año del Balón de Oro, la más prestigiosa distinción del fútbol mundial. Un reconocimiento que simboliza el retorno de la imagen del fútbol brasileño al lugar de prominencia que nunca debería haber perdido.
No es aceptable que, en un campeonato tan equilibrado, errores de arbitraje continúen interfiriendo directamente en los resultados y manchando la imagen del fútbol brasileño dentro y fuera del país.
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